martes, 16 de marzo de 2010

Miguel Delibes muere a los 89 años


MIGUEL Delibes ha tenido una buena muerte, una muerte extraña en los tiempos que corren. Miguel Delibes ha muerto, como se ha visto, rodeado del afecto público y visible, con la identificación de una sociedad sobre la que ha escrito, a la que ha descrito, y que le viene devolviendo en las últimas décadas esa encarnación de un espíritu afín, la sensibilidad sintetizadora de una identidad. Es cierto que en el caso de Delibes hablamos de uno de los autores españoles más traducidos e institucionalizados, más leídos y referenciados, de manera que su solo apellido ya es equivalente, como he escuchado en algún telediario, a la Literatura. Sin embargo, y continúo apuntando a la esfera de lo público, sigue siendo un final cargado de emoción mayoritaria, porque los escritores, habitualmente, mueren en silencio y con muy pocos testigos, sin más repercusión que una necrológica emocionada de algún periodista amigo, a menudo compañero de aventuras comunes, o cualquier discípulo que se ha quedado huérfano.

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